Spectre

Un cocktail puro Bond mezclado, no agitado

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Tres años después de que Skyfall (2012) fuese alabado por la crítica como el mejor film de los cincuenta años del universo 007, Spectre se erige como la culminación argumental y artística, representada en el logo de la organización criminal, del intenso camino que Casino Royale (2006) emprendió hace ya diez años hacia la atormentada alma de Bond. El arquetipo, ciertas veces plano, del agente duro y seductor adquiere humanidad con el 007 de Craig, cuyo soberbio carisma participa del proceso de restauración de esa elegancia estética que se había perdido en Muere otro día (2002), que se tambalea en Quantum of solace (2008), y que alcanza grandiosidad bajo la dirección de Sam Mendes, entre las solemnes voces de Adele y Sam Smith, y con la elección de un villano de lujo y dos chicas Bond que brillan con luz propia. Para prueba: el firme desfile inicial de Daniel Craig entre la multitud de calaveras mexicanas; las extraordinarias persecuciones en coche por la rivera del Tíber, en lancha por las aguas del Támesis o en avión por las montañas nevadas de Austria; el certero avance de Monica Belluci, una auténtica donna italiana, puerta tras puerta hacia la muerte; la estampa de Craig y Léa Seydoux, principal eco del glamour del Bond de Sean Connery, en el desierto, solos, recién bajados del tren; y la magnánima primera aparición de Ernst Stravo Blofeld en una reunión clandestina propia de la Italia renacentista e interpretado por un Christoph Waltz cuya amenaza logra inquietar tanto o más en las escenas en las que ni siquiera aparece.

Punto fuerte: La perfecta combinación de sus ingredientes hacen de Spectre un delicioso Martini con sabor a esencia 007.

Punto débil: Al genuino potencial malévolo de Christoph Walz se le podría sacar más partido.

Puntuación: ★★★★☆