Mi gran noche

“Qué pasará, qué misterio habrá, puede ser mi gran noche…”

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Aparte del 31 de diciembre, no se me ocurre ocasión más idónea que la última celebración de la Fiesta del Cine en las salas españolas (del martes 3 al jueves 5 de noviembre de 2015) para el estreno de Mi gran noche. Y es que, con su último largometraje, Álex de la Iglesia nos invitó a una celebración por todo lo alto, a una de esas juergas locas y eufóricas que, tras las campanadas, se desatan bajo el destellante glamour de la Nochevieja. Así, desde las expectativas creadas tanto por el tráiler como por el baile del principio, la película se va emborrachando de todos los elementos característicos de los cotillones de fin de año (serpentina y pajaritas, alcohol y purpurina, brindis y congas, impresionantes mujeres conquistadas por chicos del montón, nuevos amoríos, besos en las esquinas oscuras y madres que se cuelan con muchas ganas de marcha), sin olvidar, claro, la vertiente amarga de estas fechas para aquellos que no pueden o no quieren unirse a ellas y la aplastante resaca final.
Asimismo, cabe destacar la nada velada crítica a la falsedad, hipocresía y sucia competitividad del mundo del espectáculo —¡hasta las copas son de plástico!— y el recuerdo nostálgico de un tiempo en el que la televisión era más verdadera.
En definitiva, estamos ante un ebrio sinsentido acrecentado por un montaje cuyo rápido movimiento participa del caos imperante y animado por la música de Raphael (“Hoy para mí es un día especial/ pues saldré por la noche” no para de sonar en la mente del espectador) quien, entre tema y tema de a partir de las cuatro de la madrugada, saca su lado más darthveideriano para interpretar al descaradamente maligno Alphonso.

Punto fuerte: el gran elenco de actores protagonistas, de donde merece ser subrayada la brillante actuación de Jaime Ordóñez.

Punto débil: me esperaba un clímax más escandaloso, más apoteósico, con más volumen.

Puntuación: ★★★☆☆

El puente de los espías

Puentes y paralelismos

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En la trayectoria cinematográfica de Steven Spielberg, El puente de los espías se constituye como la más clara prueba de que el director se siente atraído por indagar en cómo los comportamientos propiamente humanos de las personas que se ven envueltas en un conflicto, no necesariamente bélico, entre dos polos opuestos revelan que dichos extremos no se encuentran, en realidad, tan distantes. En el caso real de la Guerra Fría narrado en este film, la contraposición entre EE.UU. y la URSS, entre el capitalismo y el comunismo, entre la democracia y la dictadura, entre “los buenos” y “los malos”, queda desecho por dos clases de elementos conciliadores: puentes y similitudes.
Por un lado, los paralelismos: la actividad de espionaje a la que se dedican ambos detenidos y, aunque el gobierno soviético sale mucho peor parado, el ilícito comportamiento de ambas fuerzas de la ley para con sus prisioneros; y, principalmente, los lazos de respeto y amistad creados entre James B. Donovan y Rudolf Abel quienes, a pesar de pertenecer a bandos opuestos, adquieren la categoría de héroe por actuar conforme a sus propios principios.
Por otro, los nexos: el puente Glienicke y el Checkpoint Charlie como vínculos físicos y metafóricos entre las dos Alemanias tajantemente separadas por un muro; el intercambio como última conexión entre las diferenciadas primera —la defensa del enemigo— y segunda —la lucha por “los nuestros”— parte; la paleta de grises predominantes en la localización berlinesa como tránsito recíproco del blanco al negro, del oscuro al claro; y los previsibles a la par que efectivos recursos de guión, que consisten en repetir un leitmotiv y contar una anécdota cuya enseñanza será clave en un momento posterior de la acción, como elementos otorgadores de coherencia.

Punto fuerte: La parte de la película situada en Berlín. Brutal la escena en la que Donovan contempla desde el tren la Franja de la Muerte.

Punto débil: Se echa de menos un mayor aumento de la tensión conforme al avance hacia el desenlace de la historia.

Puntuación: ★★★★☆

Ocho apellidos catalanes

Mismos gags en la masía

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Cuando un estreno se convierte en el inaudito fenómeno de taquilla y crítica que supuso Ocho apellidos vascos (no olvidemos que fue galardonado con tres premios Goya), su secuela se verá inevitablemente supeditada al éxito de la primera desde el mismo momento en que deciden rodarla. De esta manera, el público que acuda a ver Ocho apellidos catalanes exigirá que, por un lado, se colmen las altas expectativas creadas por el excesivo aparato de promoción (¿era necesario vender entradas anticipadas?) y, por otro, que consiga divertirle y gustarle tanto, pero siempre respetando la misma fórmula. Lo que ocurre es que, al igual que un chiste contado por segunda vez no tiene tanta gracia, 8 apellidos catalanes no logra generar las muchas y desternillantes carcajadas de su homóloga vasca. Además, el principio de rapidez de actuación impulsado por la voluntad de aprovechar al máximo el tirón económico de su precuela hace que se descuiden algunos aspectos argumentales. Así, por ejemplo, resulta difícil creerse que Amaia esté decidida a casarse con Pau, independientemente de que Rafa no hubiera aparecido, y que la avispada abuela no sepa que vive todavía en España.

No obstante, esto no quiere decir, ni mucho menos, que no mantenga el tono cómico característico (aunque edulcorado por el componente sentimental), que su guión no ofrezca momentos álgidos, fundamentalmente los protagonizados por Karra Elejalde en Sevilla y Dani Rovira, y que no presente aciertos, como trasladar la acción a un bonito escenario de enredos cerrado en el que el protagonismo se abre a unos excelentes Rosa María Sardà, Berto Romero y Belén López.

Punto fuerte: Alcanza con éxito su principal objetivo de hacer pasar al espectador un rato gracioso y agradable.

Punto débil: La descarada evidencia de voluntad recaudadora.

Puntuación: ★★☆☆☆

Del revés (Inside Out)

La tragedia de crecer

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Para todos aquellos que vimos Toy Story (1995) siendo niños, la escena final de Toy Story 3 (2010), en la que Andy juega por última vez con Woody, Buzz y compañía, supuso la confirmación de que la isla de nuestra infancia había pasado inevitablemente a constituirse como un lejano y nostálgico recuerdo esencial de nuestra memoria a largo plazo.

Del mismo modo, esos niños que ahora asisten entusiasmados a Del revés, se convertirán, con el tiempo, en unos jóvenes capaces de reconocer en la odisea de Alegría y Tristeza por los recovecos de la mente de Riley su propio viaje a lo largo de la adolescencia hacia la edad adulta y, consecuentemente, lo que ello conlleva: un golpe de estado del resto de sentimientos a la odiosa, en ocasiones, dictadura de felicidad impuesta por Alegría. Y es que, si bien resulta totalmente cierto que, como afirma John Lasseter, no debemos infravalorar la inteligencia de los más pequeños, pues comprenden el mensaje de la película incluso mejor que sus padres (Fotogramas, nº 2061), el film también habla de algo cuya magnitud no podrán asumir hasta que no lo hayan experimentado en primera persona: la tragedia de crecer, de madurar a fuerza de los golpes que da la vida, reflejada en el catastrófico derrumbe del tren del pensamiento y en el terrible abandono de Big Bong en lo más profundo del subconsciente.

Pero, aparte de su “brillante premisa” (Fotogramas, nº 2061), resulta imposible no fascinarse por “la belleza de su ejecución” (Fotogramas, nº 2061), es decir, por la metafórica, divertida, inteligente, colorida y lograda forma de construir en imágenes los complicados mecanismos de la laberíntica, infinita y abstracta mente humana que rige el comportamiento de las personas (ojo a la explicación que se da al sarcasmo, al proceso de olvidar y a la encarnación de los miedos comunes en un payaso gigante). Pixar nunca defrauda.

Punto fuerte: El carácter propiamente humano de su mensaje y la posibilidad de comprenderlo en distintas proporciones hacen de Inside Out un film para toda la familia.

Punto débil: En ocasiones, ambos espacios —el de las emociones, por un lado, y el de Riley, por otro— parecen desligarse.

Puntuación: ★★★★★