Los odiosos ocho

The 8th film by Quentin Tarantino

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A estas alturas de la película, y ya van ocho del total de diez que el director piensa firmar (otro western y el tercer volumen de Kill Bill), Quentin Tarantino ya ha demostrado más que con creces su poder para fascinar al público y a la crítica con esa inconfundible identidad de la que impregna todos sus films. Una reconocida personalidad que va desde los mismos títulos de crédito hasta la característica estructuración episódica y que se puede definir como una explosión de humor negro y brutalidad sádica carente de ningún atisbo de piedad ni de reparo al exprimir los tabúes raciales, misóginos, narcóticos y sexuales para encontrar salidas argumentales con las que dejar boquiabierto al espectador.

En Los odiosos ocho, su segundo western tras Django desencadenado (2012), se vale de un motivo ya presente en el capítulo XXXVI del Quijote: el de restringir la historia a un espacio cerrado de tránsito, la mercería de Minnie, en el que la casualidad de una ventisca hace coincidir los vértices de un complejo entramado de caminos particulares para ir descubriendo poco a poco sus puntos de confluencia. De esta manera, el paulatino avance del excelente guión va dibujando a esa panda de “hijos de puta” (palabras de Tarantino), de los que despuntan el mayor Marquis Warren (Samuel L. Jackson) y Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh), y generando una tensión que, acrecentada por la banda sonora de Ennio Morricone, finalmente estalla con la brutal anécdota narrada sobre el hijo general confederado Sandfor Smithers (Bruce Dern).

Después, el secreto de Daisy, presentado en un desconcertante pero magnífico uso de la voz en off, atrapa por completo al espectador que, a partir de entonces, sólo puede dejarse llevar por las riendas de la diligencia que conducen a un final cien por cien made in Tarantino.

Punto débil: Tal vez los dos primeros episodios transcurran algo lentos.

Punto fuerte: Es una película de Quentin Tarantino.

Puntuación: ★★★★☆